Concretamente, tal y como reconoce a ELMUNDO.es el doctor Ellebogen, "nuestro estudio es el primero en constatar que la hormona hace a las personas más abiertas, sociables y mejora la autopercepción cuando se está en compañía de más gente".
La oxitocina, también conocida como 'hormona del amor' o 'del apego', es un neuropéptido que actúa como neurotransmisor. Además de estar relacionada con los patrones sexuales, en las mujeres se libera en grandes cantidades durante el parto, así como en respuesta a la estimulación del pezón por la succión del bebé.
"En las últimas dos décadas, la hormona ha ido ganando reconocimiento
por sus efectos sobre el comportamiento social de los animales. Desde
que se informó de que la administración de neurolépticos incrementa sus
niveles en el líquido cefalorraquídeo, se ha producido un aumento del
interés científico por las manipulaciones experimentales de la oxitocina
en humanos. La literatura previa ha constatado que la hormona facilita
las interacciones positivas, mejora la cooperación, el altruismo y la
confianza en uno mismo en una variedad de contextos experimentales",
reconocen los autores en el último 'Psychophamarcology'.
De la misma opinión se muestra José Luis Carrasco, jefe de la Unidad
de Trastorno Límite de la Personalidad, del Hospital Universitario
Clínico San Carlos de Madrid. "La sospecha de que la hormona juega un
papel fundamentalmente en la neurobiología del apego es algo que se ha
constatado ya en animales. La falta de apego es una característica propia del autismo,
de ahí que se hayan llevado a cabo trabajos para comprobar los efectos
hormonales y se hayan constatado con imágenes cerebrales sus efectos
positivos".
La teoría
Pese a todo, los científicos desconocen el mecanismo por el cual el neuropéptido facilita la conducta prosocial, aunque una hipótesis compartida
es la que apunta a que "altera la forma en la que las señales sociales
en el entorno externo son procesadas, codificadas e interpretadas",
insisten.
Los científicos llevaron a cabo una investigación con 100 hombres y mujeres sanos
de entre 18 y 35 años, que no tenían antecedentes de enfermedad
psiquiátrica, ni patologías físicas ni tomaban medicación. Tampoco
podían tener historial de consumo de drogas, tabaquismo o embarazos.
Finalmente, los participantes fueron asignados a recibir bien 24 (UI)
unidades del spray de oxitocina (que ellos mismos se administraron) bien
un placebo. A los 50 minutos, se sometieron a una serie de
cuestionarios capaces de evaluar los estados de ánimo (extroversión,
apertura a nuevas experiencias, amabilidad, diligencia, entre otras) y
conversaciones con otros participantes.
Comprobaron, además, dicho estado de ánimo 10 minutos antes de la
administración del fármaco o del placebo y en varias ocasiones (65, 80 y
90 minutos) después de su ingesta.
Los resultados
Los datos revelan que los "participantes que se autoadministraron la oxitocina intranasal tuvieron niveles más elevados de extroversión y de apertura a nuevas experiencias
que los que recibieron un placebo. En concreto, la hormona amplifica
rasgos de personalidad como la calidad, la confianza, el altruismo y la
apertura. La oxitocina facilita el comportamiento social, cambiando la
forma en la que uno se percibe a sí mismo. Si usted se ve más extrovertido y confiado, probablemente sea más propenso a actuar de esta manera en las situaciones sociales" determina el director de la investigación.
Un aspecto positivo del tratamiento es que "no se produjeron efectos
secundarios, salvo un poco de irritación nasal en un pequeño porcentaje
de personas. Sin embargo, aún no sabemos si hay efectos negativos
asociados a su uso crónico", aclara.
Pese a todo, este experto cree que "los resultados proporcionan una pista importante sobre la neurobiología del comportamiento social",
agrega. "Se trata de un estudio interesante, que aporta datos
importantes. Aunque se debe seguir trabajando en este campo para
establecer qué dosis es necesaria, cuánto tiempo y que efectos
secundarios tiene", recuerda el psiquiatra madrileño.
El doctor Ellenbogen y su equipo están ahora "interesados en el
estudio de la hormona en los trastornos psiquiátricos que se
caracterizan por problemas de comportamiento social, como la depresión o
la fobia social. Aunque es poco probable que llegue a convertirse en un
tratamiento único, puede servir como terapia complementaria a los
fármacos y a la psicoterapia. Esto es hablar de futuro, porque se
necesita mucha más investigación antes de que podamos avanzar en este
campo", concluye.
Fuente: ElMundo.es
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