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Diversos estudios demuestran que el riesgo cardiovascular puede
reducirse en las personas que están tratadas correctamente con los
dispositivos de presión positiva continua.
Las mujeres que padecen el síndrome de apnea del sueño tienen un
riesgo 3,5 veces más elevado de padecer una enfermedad del corazón,
mientras que el riesgo en los hombres es entre cuatro y cinco veces
superior, según diversos estudios citados por la Fundación Española del
Corazón (FEC).
El SAHS es una enfermedad respiratoria que consiste en la obstrucción
del paso del aire a través de la vía aérea superior (situada a nivel de
la garganta) durante el sueño, lo que provoca ronquidos, interrupciones
de la respiración, sueño intranquilo y sensación de haber descansado
mal, con cansancio y somnolencia durante el día. Lo más frecuente es que
sea la familia la que detecta los síntomas, sobre todo el ronquido, que
suele ser cada vez más intenso.
Aunque es un trastorno muy común, más del 80% de las personas no están
diagnosticadas. La enfermedad se diagnostica mediante un estudio de
sueño, a partir del recuento del número de paradas respiratorias
completas (apneas) o parciales (hipopneas) por hora de estudio. Cuando
son más de cinco apneas e hipopneas por hora se habla de una forma leve
de enfermedad y cuando son más de 30 por hora, se trata de un grado más
severo.
“Son varios los estudios que asocian el síndrome de apneas del sueño con
un aumento del riesgo cardiovascular”, indica el Dr. Adrián Revello,
miembro de la Sociedad Española de Cardiología (SEC) y cardiólogo del
Hospital San Juan de Dios del Aljarafe, de Sevilla. Según señala el Dr.
Revello, “se ha demostrado una clara relación entre el SAHS y la
progresión de la hipertensión arterial sistémica, así como un aumento
del riesgo de padecer otras enfermedades cardiovasculares importantes,
como la cardiopatía isquémica, los accidentes cerebrovasculares o las
arritmias, fundamentalmente la fibrilación auricular.”
El síndrome de apneas del sueño aumenta el riesgo cardiovascular debido a
que, al dejar de respirar durante el sueño, baja el nivel de oxígeno en
la sangre, lo cual produce una situación de estrés cardiovascular que
afecta a todo el organismo. Según explica este especialista, “al
obstruirse la vía aérea superior y producirse la parada respiratoria,
cae el nivel de oxígeno en la sangre de las arterias. Esto, entre otras
muchas cosas perjudiciales, genera una descarga de hormonas del estrés
(como adrenalina y noradrenalina), las cuales provocan picos de
hipertensión y taquicardia que llevan a una situación de estrés
cardiovascular durante el sueño. Si esto se produce repetidamente
durante mucho tiempo puede tener repercusiones clínicas, como desarrollo
de hipertensión arterial, accidentes cerebrovasculares, cardiopatía
isquémica o arritmias”.
Una de las últimas investigaciones, realizada por científicos españoles y publicada en la prestigiosa revista Annals of Internal Medicine,
ha concluido, después de haber estudiado a 1.116 mujeres, que el grupo
de las que tenía SAHS grave y recibió el tratamiento con dispositivo de
presión positiva continua (CPAP), presentó un riesgo de mortalidad
cardiovascular similar al del grupo de mujeres sin la enfermedad, lo que
significa que el tratamiento con CPAP reduce la mortalidad hasta
niveles semejantes a los de mujeres sin síndrome de apnea. Además, dicho
estudio también detectó que el grado de cumplimiento del tratamiento
con CPAP se asociaba de forma significativa al riesgo cardiovascular, es
decir, que aquellas mujeres que usaban durante más horas el CPAP
estaban más protegidas frente a este riesgo.
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Consejos que de la FEC para aquellas personas que sufran apenas:
Desde la Fundación Española del Corazón se quieren destacar una serie de
recomendaciones dirigidas a mejorar la calidad de vida de todas
aquellas personas que sufran un síndrome de apnea del sueño:
Mantenerse en el peso adecuado, ya que el sobrepeso es uno los mayores
factores de riesgo para esta enfermedad y para el desarrollo de
enfermedades cardiovasculares
Abstenerse del consumo de bebidas alcohólicas, sedantes y relajantes
musculares, ya que conllevan a una mayor tendencia a la obstrucción de
la vía aérea, sobre todo cuando se consumen durante las horas previas al
sueño
Consultar al médico cuando haya una sospecha de que pueda existir la
enfermedad, tanto en base a los síntomas que suele detectar quien
observa dormir al paciente (como los ronquidos o las paradas
respiratorias) como los que presenta el paciente mismo (cansancio por la
mañana y somnolencia excesiva durante el día)
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