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El codescubridor de la doble hélice agita el debate sobre el tratamiento
del cáncer con un artículo en el que sugiere que las dietas basadas en
antioxidantes pueden llegar a favorecer la progresión de esta
enfermedad.
El Nobel James Watson, codescubridor de la doble hélice de ADN, ha
revolucionado el debate sobre el cáncer con un artículo en que afirma
que la curación de esta enfermedad no vendrá de la mano de las terapias
genéticas.
En una entrevista a Reuters citada por El País, Watson, que
llevaba años preparando su artículo, afirma que los tratamientos
basados en la caracterización genética de cada tumor “funcionan solo
durante unos meses”, y que “no hay nada para las metástasis de pulmón,
colon y mama”. Asimismo, y respecto al papel de los antioxidantes,
Watson afirma que "todo el mundo pensaba que [...] eran buenos, pero
pueden impedir que curemos el cáncer”.
Preguntada por El País acerca de la hipótesis de Wason, María
Blasco, directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas
(CNIO), señala: "Hace una revisión del estado actual y las perspectivas
de futuro de varias de las rutas moleculares que se han propuesto como
claves en el desarrollo y tratamiento del cáncer. Es una revisión
bastante extensa, completa, y critica. Tras 40 años de investigación en
los mecanismos moleculares del cáncer, los éxitos no han sido los
previstos y esto es debido a que el problema del cáncer es mucho más
complejo de lo que se preveía".
Frente a esta opinión, Rogelio González Sarmiento, investigador en el
Centro de Investigación del Cáncer (CIC) de Salamanca, critica que "no
se trataría de un trabajo demasiado novedoso si no fuera porque lo
escribe Watson".
En su artículo, publicado en la revista Open Biology, Watson
solicita "un calendario mucho más rápido para el desarrollo de fármacos
antimetastásicos" y aventura que, "a menos que podamos encontrar la
manera de reducir los niveles de antioxidantes, la última etapa del
cáncer será en diez años tan incurable como lo es hoy".
En el centro del argumento del investitador se halla el grupo de
moléculas denominadas 'especies reactivas del oxígeno' (ROS, por sus
siglas en inglés), que califica como "fuerza positiva para la vida"
debido a su papel en la apoptosis o muerte celular programada –uno de
los mecanismos clave para descartar disfunciones biológicas que supongan
una amenaza para la supervivencia de los organismos–.
Según declara González Sarmiento a la web SINC, entre los
efectos nocivos de los radicales ROS figura el hecho de que favorecen
las mutaciones y la aparición del cáncer. Por eso, aclara este experto,
"está de moda aconsejar dietas antioxidantes que, en teoría, dificultan
la acción de las ROS sobre el ADN y obstaculizan la aparición del
cáncer". Sin embargo, y si Watson está en lo cierto sobre el papel de
las ROS y los antioxidantes en la última etapa del cáncer, "será mejor
que comamos alimentos antioxidantes por su buen sabor, no porque su
consumo disminuya el riesgo de enfermedad".
Dietas antioxidantes
Tal como explica González Sarmiento, "cuando tratamos el cáncer, lo
que queremos es que las células se mueran o se suiciden y las ROS
también favorecen dicha apoptosis, de manera que cuando inhibimos estos
radicales ROS con antoxidantes estamos dificultando la muerte celular
por apoptosis". Lo que Watson sugiere, en suma, es que las dietas
antioxidantes, al dificultar la muerte celular, favorecen la resistencia
a la quimioterapia y a la radioterapia.
"La hipótesis de Watson", puntualiza el experto del CIC, "es nueva para
los que no están implicados en el tema pero subyace en muchas de las
nuevas estrategias de tratamiento del cáncer", quien, además, denuncia:
“Informaciones de este tipo confunden a la población. Dietas
antioxidantes dificultan el desarrollo del cáncer pero también
entorpecen el efecto de los tratamientos”.
Para González Sarmiento la solución puede estar en seguir estas dietas
mientras no se tiene cáncer y abandonarlas cuando se diagnostica un
tumor. “De todas maneras, el efecto antioxidante de las dietas es
demasiado pequeño como para darles la importancia que se les está dando,
tanto para prevenir el cáncer como para facilitar la muerte de la
célula tumoral”, concluye.
Open Biology (2013); doi: 10.1098/rsob.120144
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